antes veía el fuego, ahora estoy en el fuego

Nuestros cuerpos lacios flotando en el río.
Nuestro sueño y nuestros ojos en el cielo.
Viviendo en el sueño. Un sueño devorador. Nos reconocimos y
la piel cayó como un vestido a tus pies.
Flores para los vivos. Una estrella para ellos.
Esta estrella para todos.

El dolor es blanco y no hay dolor.
El dolor está por encima del silencio y la locura.
Dice: no te preocupes, todos estamos muertos,
la sombra de un costado herido, luces apagándose cuando llega
el día, soles gravitando y un pulso ciego
del tamaño de una mandarina,
emitiendo
la energía brutal.

Un ángel de la guarda que le corta el pelo a mis enemigos,
busca el regreso, de noche, con una linterna.

Y las sandías soñadas que son una fosforencia difusa, una aureora boreal
sobre los techos cuando hay un pocos
despiertos y con el ánimo de salir y ver y contar lo que ven:

"antes veía el fuego a lo lejos, ahora estoy en el fuego".

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