Abrí el corazón sangrante para que el rayo diera ahí.
Pero el rayo dio en los ojos. Desintegró mi ya de por sí
precaria persona. Quedé como un burro. Un burro
patas arriba en el río. Sin el beso del rayo.
Me planté verrugas en la cara y vi lo siguiente:
paralíticos soltar sus muletas,
los muertos volver,
los ciegos gatear hacia la hoguera central.
No dije nada y un grillo me enfermó.
Un perro me tragó y me escupió.
No llovía.
La piedra radiante en la altura, mi vergüenza
de estar respirando.